Por Mercedes Lafourcade 11 de octubre de 2026

Leer 17 palabras más por minuto y comprender mejor: qué revela nuestra investigación sobre la simplificación textual

¿Puede un mismo texto resultar más fácil de leer y comprender si modificamos la forma en que está escrito, sin cambiar la información que transmite?

Esta pregunta fue el punto de partida de una investigación que desarrollé en el marco de mi tesis de maestría en la Universidad de la República (Uruguay), centrada en los efectos de la simplificación textual sobre el desempeño lector de escolares con dislexia.

Los resultados ofrecen evidencia alentadora: los estudiantes con dislexia leyeron aproximadamente 17 palabras más por minuto y obtuvieron 23 puntos adicionales en comprensión lectora cuando utilizaron versiones simplificadas de los textos.

Pero la investigación no se limitó a comprobar qué ocurría con la lectura. También permitió avanzar en el desarrollo de un sistema de análisis de la dificultad textual y de procedimientos de simplificación que forman parte de LISA® (Lectura Inclusiva, Simplificada y Accesible).

1. Una diferencia de 17 palabras por minuto

La velocidad lectora es una dimensión especialmente importante en los sistemas de escritura transparentes, como el español.

Muchos estudiantes con dislexia consiguen alcanzar una precisión lectora relativamente adecuada, pero continúan leyendo con lentitud y esfuerzo. Esto puede afectar la fluidez y los recursos cognitivos disponibles para comprender lo que leen.

En uno de los estudios participaron escolares con dislexia, de entre 7 y 11 años, que leyeron textos en sus versiones originales y simplificadas.

Los análisis estadísticos mostraron que las versiones simplificadas se leyeron, en promedio, aproximadamente 17 palabras por minuto más rápido que las originales.

La diferencia fue estadísticamente significativa (p < .001), incluso al considerar otras variables relacionadas con el desempeño lector.

Es importante aclarar que no se trató de una intervención prolongada que aumentara de manera permanente la velocidad de lectura, sino de una mejora en el rendimiento al utilizar materiales lingüísticamente más accesibles.

Esto plantea una posibilidad interesante: parte de las dificultades que observamos durante la lectura no depende exclusivamente de las habilidades del estudiante, sino también de las características de los textos que le ofrecemos.

2. Una mejora de 23 puntos en comprensión lectora

Leer más rápido no sería suficiente si el estudiante no lograra comprender lo que está leyendo.

Por eso, una de las preguntas centrales de la investigación fue si simplificar los textos podía favorecer también el acceso a su contenido.

Los resultados mostraron que las versiones simplificadas permitieron obtener, en promedio, 23 puntos adicionales en comprensión lectora, medida en una escala de 0 a 100.

Esta diferencia también fue estadísticamente significativa (p < .001).

El hallazgo es relevante porque demuestra que, en las condiciones estudiadas, reducir la complejidad lingüística no implicó necesariamente reducir las oportunidades de comprensión.

Por el contrario, los estudiantes pudieron acceder mejor a la información presentada.

Un segundo estudio, realizado con escolares de quinto y sexto grado, también aportó evidencia favorable a la simplificación textual en comprensión lectora.

Ambos estudios utilizaron muestras y procedimientos diferentes, por lo que sus resultados deben interpretarse de manera independiente. Sin embargo, ofrecen evidencia convergente sobre el potencial de los textos accesibles.

3. ¿Qué cambia cuando simplificamos un texto?

Uno de los aspectos más interesantes de la investigación fue analizar qué características lingüísticas se modificaban al simplificar los materiales.

Para ello, desarrollamos un sistema de clasificación de palabras que considera dos variables relevantes para la lectura: la frecuencia con que una palabra se utiliza en español y su longitud.

El sistema permite distribuir el vocabulario en cuatro categorías: muy fácil, fácil, difícil y muy difícil.

Al comparar diez textos originales con sus correspondientes versiones simplificadas, encontramos dos cambios especialmente importantes:

Ambas diferencias fueron estadísticamente significativas (p < .001).

Lo interesante es que no fue necesario sustituir todas las palabras ni eliminar indiscriminadamente el vocabulario complejo.

La simplificación permitió modificar selectivamente determinadas características léxicas, conservando la presencia de palabras muy frecuentes y favoreciendo una composición lingüística más accesible.

En otras palabras, simplificar no significa empobrecer un texto, sino tomar decisiones lingüísticas que faciliten el acceso a su contenido.

4. El desarrollo de un sistema para analizar la dificultad de los textos

Otro resultado de esta investigación fue el desarrollo del Índice de Dificultad LISA (IDL), una herramienta diseñada para estimar la complejidad lingüística de los materiales escritos.

El índice integra diferentes características del texto, entre ellas la longitud de las oraciones, la extensión de las palabras y la presencia de vocabulario potencialmente difícil.

A partir de estos indicadores, se obtiene una puntuación de 0 a 100, donde los valores más elevados representan una mayor dificultad estimada.

Este desarrollo permite avanzar hacia una evaluación más sistemática de los materiales que utilizamos en las intervenciones lectoras.

En lugar de depender exclusivamente de nuestra impresión sobre si un texto es fácil o difícil, podemos disponer de indicadores cuantificables que orienten las decisiones de adaptación.

El índice no sustituye la valoración profesional ni determina por sí solo cómo leerá cada estudiante. Es una herramienta complementaria para analizar la dificultad lingüística y acompañar el diseño de materiales accesibles.

5. De la investigación a LISA®

Los resultados de esta investigación forman parte del fundamento científico y metodológico de LISA®, una plataforma digital de intervención especialmente diseñada para acompañar el desarrollo de las habilidades lectoras.

Uno de sus objetivos es facilitar el acceso a materiales escritos que puedan ajustarse a diferentes niveles de desempeño.

La plataforma integra herramientas de análisis y simplificación textual, actividades graduadas de intervención, lectura asistida y recursos para trabajar la fluidez y la comprensión.

También permite evaluar la velocidad lectora, asignar actividades y realizar un seguimiento de los avances de los estudiantes.

La intención es acercar los conocimientos derivados de la investigación a situaciones reales de intervención psicopedagógica, tanto en el consultorio como en otros contextos educativos.

6. Una reflexión sobre la accesibilidad lectora

Los resultados no significan que simplificar un texto sea suficiente para intervenir en la dislexia, ni que todos los estudiantes necesiten los mismos tipos de adaptaciones.

La intervención debe continuar siendo individualizada, sistemática y orientada al desarrollo de las habilidades lectoras.

Sin embargo, esta investigación aporta evidencia de que las características lingüísticas de los materiales influyen en el desempeño lector y de que determinadas modificaciones pueden facilitar la lectura y la comprensión.

La accesibilidad textual no debería entenderse como una forma de reducir las expectativas sobre los estudiantes, sino como una oportunidad para ofrecer mejores condiciones de acceso al conocimiento.

El objetivo no es solamente que los escolares lean textos fáciles.

El objetivo es que puedan avanzar hacia textos cada vez más complejos, con los apoyos adecuados y sin que las dificultades iniciales les impidan acceder al placer de leer y aprender.


Mercedes Lafourcade

Licenciada en Psicopedagogía

Investigación de maestría, Universidad de la República, Uruguay.

Desarrollo de LISA® – Lectura Inclusiva, Simplificada y Accesible.

Conocé LISA® en lisabasilisa.com.

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