
Por Mercedes Lafourcade 8 de octubre de 2026
Dislexia: una nueva definición que cambia nuestra forma de entender las dificultades lectoras
8 de octubre | Día Internacional de la Dislexia
Durante muchos años, la dislexia se explicó principalmente como una dificultad para relacionar las letras con los sonidos del habla. Pero ¿qué sucede con los niños que leen correctamente todas las palabras, aunque necesitan mucho más tiempo que sus compañeros? ¿Y con aquellos que presentan dificultades lectoras sin mostrar los problemas fonológicos que tradicionalmente se asociaban con la dislexia?
La investigación científica ha avanzado y nuestra forma de comprender este trastorno también.
En octubre de 2025, la International Dyslexia Association (IDA) aprobó una nueva definición de dislexia que incorpora importantes avances de la neurociencia, la psicología cognitiva y la investigación educativa.
Esta actualización nos permite revisar algunas ideas muy arraigadas sobre qué es la dislexia, cómo identificarla y, especialmente, cómo acompañar a quienes presentan dificultades para aprender a leer.
1. La dislexia se manifiesta de múltiples maneras
Una de las principales novedades de la definición de 2025 es que reconoce explícitamente que la dislexia puede afectar la precisión, la velocidad de lectura o ambas.
Esto tiene consecuencias muy importantes, especialmente en español.
Nuestro sistema de escritura presenta correspondencias relativamente consistentes entre letras y sonidos. Por eso, muchos escolares con dislexia aprenden a leer las palabras con precisión, pero continúan haciéndolo de manera lenta y poco automatizada.
Una niña de nueve años podría leer correctamente un texto, sin cometer prácticamente errores. Sin embargo, mientras sus compañeros terminan la lectura en dos minutos, ella necesita cinco.
Reconocer correctamente las palabras no es lo mismo que reconocerlas de forma rápida y automática. Cuando la lectura requiere demasiado esfuerzo, pueden quedar menos recursos cognitivos disponibles para comprender, relacionar y recordar la información.
Leer bien no significa solamente leer sin errores. La velocidad y la fluidez también son indicadores de dislexia.
2. No existe una única causa para explicar todos los casos
Durante décadas, el déficit fonológico ocupó un lugar central en las explicaciones de la dislexia.
Las habilidades fonológicas permiten identificar y manipular los sonidos del habla y son fundamentales para aprender las correspondencias entre letras y sonidos.
La investigación continúa reconociendo su importancia. Sin embargo, hoy sabemos que las dificultades fonológicas no están presentes de la misma manera en todas las personas con dislexia.
La nueva definición de la IDA reconoce que las dificultades en el procesamiento fonológico y morfológico son frecuentes, pero no universales.
También pueden intervenir otros factores, como la velocidad de procesamiento, la memoria de trabajo, el conocimiento ortográfico y las habilidades del lenguaje oral.
Esto significa que dos escolares con un mismo diagnóstico pueden presentar perfiles lectores muy diferentes.
Uno puede experimentar importantes dificultades para leer palabras nuevas. Otro puede reconocerlas correctamente, pero hacerlo con una lentitud considerable. Un tercero puede presentar dificultades particularmente marcadas en la ortografía.
El diagnóstico puede ser el mismo, pero las necesidades de intervención no necesariamente lo son.
3. La dislexia no es una cuestión de inteligencia
Durante mucho tiempo se utilizó la discrepancia entre el cociente intelectual y el rendimiento lector como uno de los criterios para diagnosticar la dislexia.
Bajo esta perspectiva, se esperaba que un niño tuviera una capacidad intelectual adecuada o elevada, pero un desempeño lector significativamente inferior.
Hoy sabemos que esta diferencia no constituye una condición necesaria para identificar la dislexia.
Las dificultades específicas para aprender a leer pueden presentarse en personas con diferentes niveles de capacidad intelectual.
La evaluación cognitiva puede aportar información valiosa sobre el perfil de aprendizaje, pero no debería utilizarse una puntuación de inteligencia como requisito aislado para reconocer una dificultad lectora.
Esta nueva mirada es relevante: el acceso a una intervención de calidad no debería depender de la capacidad intelectual.
4. La nueva definición ya no es dicotómica: con dislexia /sin dislexia
Otra novedad importante es el reconocimiento de su carácter dimensional.
Las habilidades lectoras se distribuyen a lo largo de un continuo. No existe una frontera natural y perfectamente definida que separe a todos los lectores con dislexia de aquellos que no la presentan.
Las dificultades pueden manifestarse con diferentes grados de severidad y cambiar a lo largo del desarrollo.
Esto no significa que el diagnóstico carezca de utilidad. Por el contrario, permite comprender que los puntos de corte utilizados en las evaluaciones son herramientas clínicas y educativas para identificar quiénes necesitan apoyos.
También nos recuerda algo esencial: hay escolares que presentan dificultades importantes para leer, aunque no cumplan todos los criterios necesarios para recibir un diagnóstico de dislexia.
Las necesidades educativas no empiezan ni terminan con una etiqueta diagnóstica.
5. ¿La dislexia se puede identificar en el cerebro?
La neurociencia ha realizado aportes extraordinarios al conocimiento de la lectura.
Los estudios de neuroimagen han identificado diferencias en el funcionamiento y la organización de redes cerebrales relacionadas con el reconocimiento de palabras.
Sin embargo, estas diferencias se observan principalmente al comparar grupos de personas y presentan una considerable variabilidad individual.
Actualmente no existe una prueba de neuroimagen que permita diagnosticar de manera fiable la dislexia en una persona.
Además, el cerebro cambia con el aprendizaje y la experiencia. Algunas diferencias observadas pueden estar relacionadas con factores previos al aprendizaje lector, mientras que otras pueden reflejar las consecuencias de haber tenido menos oportunidades de desarrollar una lectura fluida.
Por eso, la identificación de la dislexia continúa basándose fundamentalmente en la evaluación del desempeño lector, la historia del desarrollo y las oportunidades de aprendizaje.
6. No deberíamos esperar al fracaso escolar para intervenir
Quizás una de las consecuencias más importantes de esta nueva mirada sea la necesidad de fortalecer la prevención y la intervención temprana.
No es necesario esperar varios años, ni permitir que un niño acumule experiencias reiteradas de frustración, para comenzar a trabajar sobre sus dificultades.
Desde los primeros años pueden identificarse señales de riesgo relacionadas con el desarrollo del lenguaje, el conocimiento de las letras, la conciencia fonológica, la denominación rápida y las habilidades iniciales de lectura.
Estos indicadores no determinan que un niño vaya a desarrollar dislexia, pero permiten reconocer quiénes podrían beneficiarse de apoyos específicos.
La enseñanza explícita, sistemática y ajustada a las necesidades individuales es fundamental.
Cuando las dificultades persisten, resulta necesario evaluar con mayor profundidad, revisar los procedimientos de intervención y realizar un seguimiento de los progresos.
La intervención temprana no necesita esperar a que exista un diagnóstico definitivo.
7. Una nueva mirada: también podemos intervenir sobre los textos
Tradicionalmente, las intervenciones lectoras se han concentrado en desarrollar las habilidades de quienes aprenden a leer.
Sin embargo, ya hay evidencia de que adaptar los textos genera un beneficio significativo en los dominios de la lectura.
¿Qué podemos hacer con los textos para que resulten más accesibles?
La longitud de las palabras, su frecuencia de uso, la complejidad de las oraciones y la organización de la información pueden incrementar las demandas de lectura.
La simplificación textual busca reducir algunas de esas barreras sin eliminar el contenido esencial.
No sustituye la enseñanza de la lectura ni las intervenciones específicas para la dislexia. Constituye una estrategia complementaria que puede facilitar el acceso a la información y ofrecer oportunidades de lectura ajustadas a diferentes niveles de competencia.
Esta perspectiva también invita a ampliar nuestra mirada sobre la accesibilidad: no solamente debemos acompañar a quienes tienen dificultades para leer, sino también revisar las características de los materiales que les ofrecemos.
En este Día de la Dislexia, una invitación a cambiar nuestra forma de evaluar e intervenir
La ciencia nos muestra que la dislexia es más compleja y diversa de lo que durante mucho tiempo imaginamos.
No existe una única forma de manifestarla, una sola causa que explique todos los casos ni una intervención idéntica para todos los lectores.
Comprender esta diversidad no significa renunciar a criterios rigurosos de evaluación. Significa utilizarlos para conocer mejor a cada estudiante y tomar decisiones educativas fundamentadas.
Porque el objetivo no debería ser solamente que un niño aprenda a reconocer palabras.
Queremos que pueda leer con autonomía, comprender lo que lee y descubrir que los libros, las historias y el conocimiento también están a su alcance.
Editorial Basilisa — Lectura inclusiva y accesible.
Fuentes científicas para seguir leyendo
- International Dyslexia Association (2025). Definition of dyslexia. https://eida.org/definition-of-dyslexia/
- Carroll, J. M., et al. (2025). Toward a consensus on dyslexia: Findings from a Delphi study. Journal of Child Psychology and Psychiatry.
- Catts, H. W., Haynes, C. W., & Joshi, R. M. (2026). Defining dyslexia: 2025 revision. Annals of Dyslexia. https://doi.org/10.1007/s11881-026-00363-4